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PORTAFOLIO MEXICANO PAUL STRAND

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PAUL STRAND  – PORTAFOLIO MEXICANO

El  jueves 14 de Abril, a las 7:00 pm, la Alianza Francesa de Maracaibo se complace en inaugurar, en su galería París, el proyecto de la galería Cubo 7 Espacio Fotográfico, que despliega 20 fotografías pertenecientes a la segunda edición (1967) del extraordinario Portafolio Mexicano del fotógrafo y cineasta estadounidense Paul Strand.

De familia inmigrante de Bohemia (Republica Checa), nace en Nueva York, el 16 de octubre de 1890 y muere en Orgeval (Francia), el 31 de marzo de 1976, su carrera como fotógrafo inicia muy joven, a los 18 años, mientras aún estudiaba en la High School, su maestro el sociólogo y fotógrafo social Lewis Hine, lo vincula con Alfred Stieglitz, precursor de la fotografía como medio artístico, al nivel de una pintura o escultura (pictorialismo) y creador del movimiento Fotografía Directa (retratar la realidad y a las personas tal como es, sin manipulaciones, ni efectos, ni poses). Razón por la cual Strand, en sus primeros trabajos enfocandose en temas urbanos (transeúntes anónimos, la vida y los acontecimientos de la calle) explora la tendencia pictorialista de la época, y mezcla en sus propuestas elementos de la pintura a través de imágenes de luz difusa y sutilmente desenfocadas, logradas con herramientas y técnicas estrictamente fotográficas. Posteriormente aborda la Fotografía Directa (Straight Photography), creando un discurso directo de contenido social. Arte moderno y registro documental se funden en sus proyectos visuales.

Experimenta y emplea el formato libro, es autor de fotolibros en donde las imágenes dialogan con textos, como: Time In New England (1947), en colaboración con Nancy Newhall, La France de Profil (1952), con textos del escritor Francés Claude Roy, entre otros. También realizó y produjo varias películas, entre ellas: Manhatta (1921), Redes (1934), The Plow That Broke The Plans (1935), Heart of Spain (1940) y Native Land (1942).

De 1932 a 1934 Strand, viajó por comunidades rurales de México (Puebla, Oaxaca, Michoacán y Toluca) y retrató a personas en calles, plazas y umbrales, ocultando el objetivo de su cámara y agregando un dispositivo a la lente que escondía la direccionalidad frontal del aparato, las personas advertían la presencia del fotógrafo, pero no sabian que estaban siendo fotografiadas, lo que le interesaba a Strand era retratar a la gente “tal como es”… También tomó fotos de arquitectura eclesiástica y civil e iconografía religiosa colonial.

 

El trabajo fotográfico de Strand en México, está compuesto por trescientos negativos, de los cuales imprimió sesenta en platino y seleccionó veinte copias para publicar en el portafolio Fotografía de México (1940). Fue impreso en fotograbado (técnica que permite la obtención de una imagen a partir de un proceso químico y su reproducción a través de un proceso mecánico) por The New York Photogravure and Color Company, con un tiraje de 250 ejemplares, numerados y firmados por el artista y un texto del cineasta documentalista americano Leo Hurwitz. En 1967, Strand reeditó este grupo de fotos, bajo el sello de Da Capo Press y con título The Mexican Portafolio, en esta ocasión son 1.000 ejemplares, también numerados y firmados por el artista, impresos igual con la técnica del fotograbado, con el texto inicial de Leo Hurwitz, más otro texto de David Alfaro Siqueiros y un párrafo del fotógrafo donde agradece la labor de los impresores, el editor y cuenta los orígenes de la producción del portafolio.

En esta oportunidad la Alianza Francesa de Maracaibo y Cubo 7 Espacio Fotográfico tienen el gusto de invitarlos a descubrir esa segunda edición (1967) del Portafolio Mexicano de Paul Strand, oportunidad única en Maracaibo, de conocer y apreciar la producción visual de este gran fotógrafo y artista, considerado uno de los fundadores de la fotografía documental moderna.

Aproximaciones a la obra de Paul Strand y The Mexican Portfolio

I like to photograph people who have strength and dignity in their faces:

 whatever life has done to them, it hasn’t destroyed them.

Paul Strand (Nueva York, 1890 – Orgeval, Francia, 1976)

 

 

Paul Strand se inicia en la práctica fotográfica en la Ethical Culture School (Nueva York, 1907-1909) de la mano del fotógrafo social Lewis Hine, quien lo vincula al círculo artístico de Alfred Stieglitz, pionero en la difusión de las vanguardias europeas en los Estados Unidos a través de la galería 291 (1905-1917), editor de Camera Work (1902-1917) y curioso artista renovador de la estética fotográfica al vincular el arte con la fotografía.

El arte moderno y el registro documental se entrecruzan en las representaciones visuales de Strand. En sus primeras imágenes enfoca la atención en temas urbanos, transeúntes y anónimos trabajadores de la gran manzana; así organiza un discurso directo (straight photography) de contenido social, siguiendo los pasos de Hine y continuando la trayectoria documental de los escoceses David Octavius Hill y Robert Adamson en 1843. Strand socava la tendencia pictorialista del momento al materializar sus propuestas documentales mediante un conocimiento exhaustivo de herramientas y técnicas estrictamente fotográficas. A través de la experimentación y manipulación de instrumentos «industriales»: cámaras, papeles, químicos de revelado, copiado y virado, crea formas de representación inéditas para la época e inaugura en la historia de la disciplina un sistema de composiciones abstractas y geométricas cuya temática es afín al estilo de Cézanne, Picasso o Matisse. Las referencias cubistas las usa también en  tomas y encuadres en la película Manhatta (1921) –codirigida con el artista Charles Sheeler–, un corto documental sobre el paisaje industrial de la ciudad de Nueva York.

Al igual que sus contemporáneos avant garde, Strand es un fotógrafo comprometido con la ideología de izquierda y es consciente del poder de la fotografía como medio de difusión masiva, por esta razón, a partir de 1950, experimenta y emplea el formato libro para tener amplia audiencia. Es autor de fotolibros fundamentales, entre otros: Time in New England (1947), en colaboración con Nancy Newhall; La France de Profil (1952), estudio documental sobre la comunidad de Lausana en donde las imágenes dialogan con textos del escritor francés Claude Roy; y Un Paese, hecho en Luzzara (Italia) en colaboración con el teórico del neorrealismo italiano Cesare Zavattini. Realizó y produjo varias películas utilizando el relato cinematográfico como soporte para demandar equidad social, entre ellas Manhatta, Redes (1934), y Native Land con Leo Hurwitz (1942).

 

En 1930 Strand viaja a Nuevo México. Allí se familiariza con la arquitectura de adobe, el paisaje y los grupos indígenas de Taos. Posteriormente, debido a su experiencia cinematográfica, el gobierno mexicano lo contrata para filmar Redes, una película sobre la lucha de clases en Alvarado, un pueblo de pescadores. En el período postrevolución mexicano (1920-1930) el Estado desarrolla un programa de unificación y reintegración nacional con el propósito de crear una nación incorporada a la ilusoria cultura moderna. Es bajo ese proyecto de unificación de identidades que el Ministerio de Educación emplea a Strand en 1932. Aparte de conceptualizar y filmar la película, durante dos años viaja por pueblos de México con una cámara gran formato fotografiando comunidades. Para sus retratos mexicanos (1932-1934), tal como lo hizo en sus fotografías de personajes anónimos durante su primera época en la ciudad de Nueva York (1916), oculta el objetivo de la cámara agregando un dispositivo a la lente que esconde la direccionalidad frontal del aparato. Las personas advierten la presencia del fotógrafo, pero no saben que están siendo fotografiadas, por esta razón no se inquietan ni posan; al parecer lo que le importa a Strand es retratar a la gente «tal como es». Sin embargo, el método de engañar a los referentes no lo va a utilizar en años posteriores, como en el caso de las fotos de Time in New England o las del pueblo italiano de Luzzara en Un Paese, donde establece una relación directa con los sujetos e incluso, previo al registro fotográfico, visita a las personas y les informa sobre la propuesta.

El repertorio visual de Strand en México está conformado por trescientos negativos, de los cuales imprimió sesenta en platino y seleccionó veinte copias para publicar en el portafolio Fotografía de México (1940). Fundamentalmente eligió imágenes de personas en calles, plazas o umbrales en un letargo cotidiano de atávica espera, así como arquitectura eclesiástica y civil. Incluyó también iconografía religiosa colonial de cristos y vírgenes que expresan padecimiento en gestos similares a los de los habitantes fotografiados. Fotografía de México presenta estas fotos hechas en diferentes comunidades rurales –Puebla, Oaxaca, Michoacán o Toluca–, junto con un texto del cineasta documentalista americano Leo Hurwitz y un agradecimiento del autor a los participantes del proyecto. Editado por Virginia Stevens, la primera esposa de Strand, fue impreso en fotograbado por The New York Photogravure and Color Company, Nueva York, en un tiraje de 250 ejemplares, numerados y firmados por el artista y es considerada la colección de fotograbados más importante producida en la segunda mitad del siglo xx. En 1967, Strand reeditó este grupo de fotos, bajo el sello de Da Capo Press y con título The Mexican Portfolio (1.000 ejemplares, numerados y firmados). Impreso también con la técnica del fotograbado, esta vez fue estampado por Andersen Lamb Company, Brooklyn. Al texto de Hurwitz, se suma otro de David Alfaro Siqueiros y un párrafo del fotógrafo donde reconoce la labor de los impresores, del editor y relata el origen de la producción del portafolio.

 

En esta ocasión, le presentamos  uno de los ejemplares (Número 7) del extraordinario segundo portafolio mexicano de Paul Strand. Oportunidad inédita en la ciudad para que el espectador pueda apreciar no solo la exquisita calidad y cualidad de la impresión en fotograbado –técnica de estampado casi obsoleta hoy en día–, sino también las propuestas del fotógrafo modernista por excelencia, quien bajo una fuerte motivación social manifiesta en sus representaciones un constante deseo por revelar la dignidad de las personas, sin importar, parafraseándolo, «que la vida misma las haya destruido».

 

Sagrario Berti